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Las operaciones que dividen Juntos por el Cambio y le abren la puerta a Milei

Abr 30, 2022
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Mientras la derecha consolida sus posiciones en el aparato judicial y diplomático, las operaciones políticas entre Mauricio Macri y los radicales dejan espacio para el crecimiento de Javier Milei, que se alimenta del mismo discurso mediático que el macrismo.

Patricia Bullrich, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, no tan Juntos.


El triunfo de los candidatos de Juntos por el Cambio en el Colegio Público de Abogados de Buenos Aires
 y la inusitadamente veloz defensa de la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación al exvicecanciller del macrismo Carlos Foradori, confirmaron la hegemonía conservadora en ámbitos que tienen fuerte incidencia institucional y donde las corrientes más democráticas y populares no han podido instalarse y crecer. En la interna de la alianza conservadora, una operación mediática inspirada por Mauricio Macri frenó la ofensiva radical que buscaba posicionar a Gerardo Morales, gobernador de Jujuy y carcelero de Milagro Sala, en la carrera presidencial del 2023.

La lista de Juntos por el Cambio estaba encabezada por el radical Ricardo Gil Lavedra, que también funcionó como asesor de Morales en el conficto que se creó por la manipulación de la justicia jujeña para encarcelar a la lideresa popular. Juan Sebastián de Stefano, el agente de la AFI involucrado en los casos de espionaje a abogados de presos y a opositores al macrismo, fue uno de los operadores que lograron formar un frente con 13 agrupaciones radicales y del PRO a cuyo frente estuvo Gil Lavedra.

Otros integrantes de la lista fueron el vicerrector de la UBA, Juan Pablo Mas Vélez; el exsecretario Legal y Técnico de la presidencia de Mauricio Macri, Pablo Clusellas; el exjefe de Gabinete del Ministerio de Justicia en la gestión de Germán Garavano, Martín Casares, y el exjefe de fiscales de la Ciudad de Buenos Aires Luis Cevasco. La lista ganadora obtuvo alrededor del 48 por ciento de los votos, mientras que la otra, que encabezó Jorge Risso y donde figuraban algunos de los abogados que impulsan varias de las causas contra el espionaje macrista como Maximiliano Rusconi, Valeria Carreras y Alejandro Rúa, recibió el 42 por ciento de los votos.

La hegemonía de la derecha radical y otras agrupaciones conservadoras ha sido una tradición en los ámbitos relacionados con el Poder Judicial, del que desconfía el 84 por ciento de los argentinos, según la encuesta hecha en marzo por la Universidad de San Andrés. Se trata de un sondeo realizado por Internet, lo cual tiende a circunscribirlo en sectores medios. Quizás por esta manifiesta impopularidad, el extitular de la Corte, Ricardo Lorenzetti le dijo al periodista Eduardo Feinmann que «la Corte Suprema no puede hacer ‘populismo judicial’”.

Otro síntoma que confirma la hegemonía radical en este universo tan desprestigiado fue el triunfo de Franja Morada en las facultades de Derecho en las universidades públicas de Rosario, La Plata y en la UBA en las elecciones estudiantiles de este año. Los que aparecieron en un video amenazando de muerte a Cristina Kirchner y festejando la muerte de Néstor Kirchner, eran estudiantes de Franja Morada de Derecho de Corrientes.

No hace tanto se cayó la causa del Memorándum con Irán, por la cual el fallecido juez Claudio Bonadio persiguió de la manera más injusta y cruel al excanciller Héctor Timerman. La causa se cayó por “inexistencia del delito”. Si estuviera con vida, ameritaría juicio político contra Bonadio.

Esta semana se conoció el relato del excanciller británico Alan Duncan sobre la forma en que junto con el exvicecanciller argentino Carlos Foradori, firmó el acuerdo por el cual el entonces presidente Mauricio Macri se comprometía a no cuestionar la explotación británica de las riquezas del subsuelo y del mar argentino que rodea a las islas Malvinas.

Es una de las piezas más bochornosas en la historia de la diplomacia argentina. Pero además Duncan escribió que Foradori estaba tan borracho que lo llamó al día siguiente porque no se acordaba de los detalles de la infamia que había firmado. Los medios lo acosaron por la borrachera, cuando la felonía más grosera de este funcionario del radicalismo macrista fue el contenido de lo que firmó, más que su alcoholismo.

Los “patriotas” que se envolvieron con banderas argentinas durante el tractorazo del sábado pasado, eran de agrupaciones macristas que respaldaron al gobierno de Juntos por el Cambio. El mismo que, con ese tratado Foradori-Duncan, entregó servidas en bandeja las riquezas de Malvinas a los británicos. El patriotismo es algo más que envolverse en una bandera.

Porque ese fue otro bochorno: una protesta de productores de alimentos que se han beneficiado con la desgracia del pueblo. Cuando mejor les va, los tipos salen a protestar sin motivo, como una burla a los que tienen dificultad para poner un pan en su mesa, por los precios abusivos de los alimentos que ellos producen.

Como escribió en este diario Eduardo Zuaín –actual embajador en Moscú–, la entidad que agrupa a los diplomáticos nunca salió en defensa del excanciller Timerman, aún cuando Zuaín se lo había reclamado. Timerman estaba agonizando por un cáncer y sufría la persecución encarnizada de Bonadio, en una causa que tras el fallecimiento del excanciller se cayó “por inexistencia de delito”.

Fueron incapaces de defender a Timerman en esa situación tan evidente, pero no demoraron ni 24 horas en emitir un comunicado en defensa de Foradori, el vicecanciller que pasará a la historia por haber firmado uno de los acuerdos más entreguista, perjudicial y pernicioso para los intereses argentinos.

El control del Poder Judicial ha sido una obsesión de la derecha. Y también estuvo presente en la reunión del jueves de la mesa nacional de Juntos por el Cambio. El mismo día Clarín publicó que el gobernador de Jujuy, Morales, había cerrado un trato con Sergio Massa, para la conformación de la Magistratura. Todos los entendieron como lo que era: una operación de Mauricio Macri contra los radicales de Juntos por el Cambio que trataban de colocar a Morales en la fórmula de la alianza conservadora para el 2023.

Macri obligó a Morales a rechazar cualquier contacto con el oficialismo. Pero cuando el debate llegó al tema de Javier Milei, uno de los que más preocupa en el macrismo, los radicales hicieron valer su posición, junto con Elisa Carrió, y el documento de la reunión rechazó alianzas o pactos con Milei.

Pero al día siguiente, Patricia Bullrich hizo circular una carta en la que daba a entender que esa decisión se había tomado en forma poco democrática y poco transparente. El fenómeno Milei desconcierta al macrismo.

La nueva figura estelar del neoliberalismo usa el mismo discurso construido por los medios macristas. Un constructo simplificador de problemáticas complejas, amarillista y demagógico que busca hacer impacto en la emotividad del público bajo la forma de un discurso antipolítico de odio.

Es el discurso del periodismo amarillista de derecha. Y fue el discurso con el que Durán Barba alimentó el surgimiento de Mauricio Macri. El problema para Juntos por el Cambio es que esa nube de palabras explosivas, indignadas, llenas de sospechas y delitos nunca comprobados, pero sin propuestas, tiene penetración y credibilidad cuando el que las pronuncia no ha tenido responsabilidad de gestión. Juntos por el Cambio manejó cuatro años el país y mostró que encaja perfectamente en lo que ese discurso pretende atacar.

Juntos por el Cambio mantiene ese discurso, pero después de tantos años de ejercer responsabilidades de gestión, es menos creíble en sus bocas y tiene menos llegada. En cambio Milei no tiene ninguna responsabilidad política o de gestión y puede decir lo que se le ocurra. En esa situación, Milei es mucho más representativo que Juntos por el Cambio de ese discurso irresponsable, indignado y linchador, instalado y repetido hasta el infinito por las corporaciones mediáticas.


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